Dos y cuarenta y siete minutos, el voraz y silencioso tirano comienza a ser invadido,
desgarrado por íntimos, minúsculos soldadillos, si mas afán de acabar con el sigilo
que el de atacar despiadada y directamente la superficie terrestre y parecieran querer
destruirle, pues luego de tan largo viaje, desprendidas de aquel nimboestrato que les dio la vida
lo único que hacen es estrellarse contra la corteza de la tierra, buscando acabar con ella,
pero la inamovible y paciente tierra resiste, espera, se burla... hasta que ve como los restos
de aquellos soldaditos se reúnen, congregan, se asocian formando pelotones, ejércitos, legiones, caballerías, traducidas en arroyos y ríos, que corren con tal furia que logran despertar la
preocupación de Pachamama... aun así, ella sigue firme, resiste al tropel de semejante multitud.
Tres treinta y seis, el silencio, malherido por el terco sonido de desagües y bajantes intenta
retomar su nocturna dictadura, así pues, cuando el astro rey ilumine a Mama Pacha con sus perezosos y grises rayos no habrá mas que marcas, hendiduras, cicatrices y unos cuantos soldados como evidencia de la batalla librada hoy.