la guerra contra la muerte,
es La Muerte, quien se ríe a carcajadas,
se burla en mi propia cara,
ya que no fue un triunfo,
sino una firma de guerra y rendición,
pues bien lo sabe Dios, que no hay nudo mas ceñido
que el de la impotencia que ata mis muñecas,
y quisiera encontrar esa maldita impotencia,
golpearla, escupir le a la cara, pero... irónicamente
es esa misma impotencia el opresor mas laxo e intangible
que pudiera en este mundo existir.
Hoy...hoy los golpes ya no resuenan en mi casa,
hoy La Muerte ya no llama a nadie,
hoy simplemente espera... espera sentada a sus pies.