Hace mucho ya, centurias atrás, milenios tal vez, mucho antes de que el tiempo fuera tiempo, mas aun de que la Madre Tierra fuera presa del infame hombre, recién esta fue dada a luz y previo a ella, el Sol y seguido de este la hermosa Luna. Cuentan pues, los antiguos espíritus -espíritus que alguna vez fueron jóvenes- que recién llegada la primavera de estos dos grandes astros, eran; el Sol por su parte el mas magnífico y gallardo mozo entre las creaciones del Omnipotente, era tal su majestuosidad, que la más brillante estrella podría perderse en su presencia; y la Luna , por su parte, más aun gozaba de una belleza y fastuosidad tal, que si un mortal hubiese vivido para verle en su apogeo, habría caído muerto al instante primero de verle, saturado en su corazón por la felicidad de apreciar la infinita beldad de tan divina doncella.
Fue así, y fue entonces que el macabro Destino hiciera su primera mala jugada, pues esmerose de sobremanera tal el Divino en la perfección de dichos astros, que al cruzar ambos sus miradas, mas tardara el Eterno en crearles, que ellos en enamorarse el uno del otro, así pues, fue como surgió el verdadero y mas puro amor, el primero que existiera en el recién creado universo, el Sol profiriole a
—Suplicas tú, por la felicidad de tu madre, aunque sea por un mínimo instante, mas te pregunto yo ¿Qué estás dispuesta a dar, Lágrima de Luna, por la felicidad de quien te ha engendrado?
Preguntó el Magnificente. La Lágrima de Luna pensó solo un poco, y después de un breve momento contestóle al Creador:
—Yo ¡oh Gran Señor! No poseo nada, no soy habiente de algo que valga el cumplimiento de tal suplica, mi vida recién comienza, mas si es necesario que la tomes a cambio de la felicidad de mi dulce madre, tómala entonces y permítele a ella ser feliz, aunque sea por un instante tan breve, como efímera ha sido mi vida.
—Yo ¡oh Gran Señor! No poseo nada, no soy habiente de algo que valga el cumplimiento de tal suplica, mi vida recién comienza, mas si es necesario que la tomes a cambio de la felicidad de mi dulce madre, tómala entonces y permítele a ella ser feliz, aunque sea por un instante tan breve, como efímera ha sido mi vida.
Oído esto el Supremo se conmovió de manera tal, que para honrar a la pequeña Lágrima de Luna, decido consentir un encuentro entre el Sol y la Luna aunque solo fuera por un lapso muy corto, la pequeña Lágrima de Luna se colmó de felicidad al ver esto y así pues conforme al acuerdo entre ella y el Supremo se extinguió su vida en un instante de infinita felicidad.
Aún ahora la Luna sigue llorando, pero no llora mas de tristesa, sino de felicidad, por que en el acto mas altruista que jamás pudo esperar de su hija, logró reunirse nuevamente con su amado, y si sóis cautos y os detenéis a ver el cielo con paciencia, podréis ver como las lágrimas de la Luna engrandecen el cielo con su efímera existencia.
Nosotros no somos eternos como el sol, ni renacemos como hacela Luna , nuestra vida es efímera como fugaz es la estrella, pero si bien nuestra vida es transitoria, no nacimos para morir, sino para dejar un legado de amor y felicidad, será entonces cuando llegue nuestro final que habiendo amado y siendo felices, partiremos con una sonrisa al ver la senda que trazamos.
Nosotros no somos eternos como el sol, ni renacemos como hace
